A los más puristas les parece una aberración, a otros no les importa, y luego hay un sector que cree que es un paso más en la igualdad porque La Tuna, como cualquier otra organización, debe evolucionar. Estamos en pleno siglo XXI y tenemos dos posibilidades, o adaptarnos a los tiempos modernos o morir en el intento. La tuna es una organización que hasta ahora había estado anclada en el pasado, pero ellas ya han llegado para cambiarlo todo.

Viajamos al origen, a Salamanca, y una vez allí comprobamos que tal vez esta sea la ciudad más purista respecto al tema. Nos alojamos en Casa Imperial Salamanca, y conforme ponemos un pie fuera del hotel empezamos a preguntar a los transeúntes que, ni cortos ni perezosos, aseguran que la tuna es una tradición ancestral (surgió en el siglo XIX, tan ancestral no es) y que modificar sus normas es un absurdo de la sociedad moderna.

La tuna universitaria surgió en Salamanca y posteriormente se extendió al resto de España y a diversas artes de Europa, como Portugal y Holanda o países latinoamericanos. Para algunos, su origen está antes del siglo XIV con los continuadores de la tradición goliarda (clérigos itinerantes que vivían viajando por toda España y alojándose de monasterio en monasterio gracias a la música), pero la tuna universitaria, como tal, no llegó hasta el siglo XIX.

La tuna, en sus albores, la constituían estudiantes que, debido a sus escasos recursos, tenían que cantar o tocar de lugar en lugar para poder ganarse la vida, o simplemente, para sustentarse durante el viaje de vuelta a sus casas cuando llegaban las vacaciones (en algunos casos). De ahí que esa actividad se designe con un verbo específico: «tunar», o «correr la tuna».

Hoy la tradición sigue teniendo vigencia en las facultades españolas, pero sus miembros son cuestionados por el nuevo feminismo. Sin embargo, estas críticas se vienen sucediendo en el mismo contexto en el que las tunas femeninas empiezan a reproducirse como setas. En Holanda, por ejemplo, existe una que ya roza los 40 años de historia.

En la tuna de Sevilla, por ejemplo, sus fundadoras aseguran que “aceptan a cualquier persona que se sienta mujer”, lo que viene a demostrar que tienen una mente mucho más abierta que la mayoría de tunas masculinas.

Preguntando al pueblo

Paseamos por las calles de Salamanca y por delante de la casa de las Conchas empezamos nuestra retahíla de preguntas a transeúntes. Algunos son turistas, como nosotros, y otros son residentes, y nos damos cuenta de algo: los turistas están mucho más abiertos a que existan tunas femeninas que los salamantinos.

“Pues me parece muy bien” dice un turista que viene de Alicante “si todo está cambiando por qué no iba a hacerlo la tuna”. “Es una tontería” dice una mujer salamantina “nunca ha habido mujeres en la tuna y nunca ha pasado nada, pero ahora ¿tenemos que meterlas con calzador? No creo que sea necesario”.

Es la cara y la cruz de una misma moneda.

Ahora pasamos por delante de la conocida fachada de la Universidad de Salamanca, donde cientos de turistas paran diariamente durante varios minutos a buscar la famosa rana posada cobre una calavera, y repetimos las jugadas con las preguntas a personas más mayores, jóvenes y todo tipo de turista.

“Pues me da igual la verdad” nos dice Ana, de Valencia, “si hay tunas perfecto, porque si a ellas les gusta está muy bien, pero si no las hay no es algo que creo que vaya a afectar a nuestra sociedad ni al feminismo así que me es indiferente”. “No creo que sea necesario, es una organización masculina y no todo tiene por qué cambiar, no creo que sea de imperiosa necesidad que haya mujeres en la tuna” nos dice Ricardo, el novio de Ana de Valencia.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, vemos pasara varios chicos vestidos de tuno y los paramos enseguida para hacerles la misma pregunta y ¿qué nos encontramos? Unos chavales simpáticos, que creen que todas las instituciones deben adaptarse a los nuevos tiempos y que la tuna no está exenta. “Es lo normal” dice Alberto, tuno desde el año pasado “¿por qué no iban a poder las universitarias sacar unos euros para sus estudios haciendo lo mismo que nosotros? “, “Yo creo que ya era hora” dice otro chico tuno “de hecho pienso que esto se debe trasladar a cualquier organización y a cualquier tipo de fiesta”. Y con esta última frase nos quedamos, y lanzo esta pregunta: ¿Veremos alguna vez a un “bello del foc” en las Hogueras de Alicante o a un “fallero mallor” de Valencia?

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