Es la eterna pregunta. ¿Merece la pena opositar? ¿Sacrificar años de vida, de ocio, incluso años sentimentales para poder obtener un trabajo para toda la vida? Cada vez que el Gobierno anuncia el lanzamiento de una oferta de empleo todas estas preguntas se vienen a la cabeza de los opositores. Para conseguir uno de esos puestos en la administración pública hay que pasar por las oposiciones, un suplicio de por sí que se hace más cuesta arriba si, además, has perdido el hábito de estudio.

En lo sentimental

Vayamos por partes. No tengo experiencia real de como es el trabajo en un juzgado, en el sentido de experiencias de funcionarios o interinos, pero hay cosas que tengo claro. Cada vez que voy a la ciudad de la justicia de mi ciudad alucino con lo que veo. Flipo porque veo el ambiente y es todo como un aeropuerto, muy limpio, muy tranquilo. A los de carrera se les nota porque hasta sus andares son como más pausados. Visten como les da la gana y no les veo yo cara de estar estresados. La verdad es que dan mucha envidia.

Una amiga que es abogada me ha contado que cuando va a presentar demandas habla con el personal. Todos le animan a que oposite. Que están muy a gusto y que merece la pena trabajar allí. Imagino que dependerá del partido judicial, del personal que haya en tu juzgado y mil variables más, pero es que en la vida todo es así. Siempre te dicen que puedes acabar quemado. Pues supongo que como en todos los trabajos. Pero en este caso, a los 2 años te cambias de juzgado y todo arreglado. La verdad es que esto no es como un restaurante o un taller donde tienes que aguantar a los pesos de turno o a los jefes negreros.

Estamos hablando de que si te haces funcionario vas a tener un trabajo de 8 a 15:30. A las 15:28 en el 80% de los casos estarás enfilando al aparato para fichar. Yo cuando curraba en la privada me vi más de un viernes y de dos a las 23:00 de la noche metido en la oficina porque había que terminar papeleos. Imagino que si hay atrasos habrá que apretar el culo, pero aquí sabes que las horas te las devuelven. Lo mejor de todo, vas a cobrar todos los meses. Yo he sufrido los males de una empresa cuando no te pagan y no se lo recomiendo a nadie.

Estresante puede ser si hay mucha carga de trabajo, pero creo que también depende mucho de la forma de ser de cada uno. Las consultas a mí es lo que menos me gusta porque te interrumpen y pierdes el hilo de lo que estabas haciendo. Hay días en que hay pocas y otros muchas, pero bueno, la vida es así.

En lo práctico

Tenemos clara una cosa, es complicado sacarte una plaza de justicia porque todo está masificado. Para tener el nivel ese mínimo yo creo que necesitas unos 8-12 meses de preparación de oposiciones, dependiendo del nivel previo que tengas de conocimiento con la materia, de la inteligencia y demás. Si además no tienes nada de mecanografía, yo creo que habría que sumarle otros 3-6 meses. Y aún así estarás condicionado por un alto factor de «suerte».

Mi recomendación es que comiences por lo fácil. «La mayoría de los exámenes tienen una parte que odia todo el mundo: la Constitución. Aunque sea el primer tema, nosotros siempre les recomendamos que no empiecen por ahí», nos explican desde Preparadores Valladolid. Una academia donde disponen de cursos para todas las especialidades. Por eso, no resulta aconsejable empezar por la parte más densa del temario. Es como si alguien que no se ha leído un libro en su vida empezase por el Ulises de James Joyce.

Recuperar el hábito de estudio es, según los expertos, cuestión de tres semanas. «Si conseguimos repetir una misma rutina durante 21 días, lo convertimos en un hábito. Si lo mantenemos durante 66 días, llegamos a un punto en el que aunque no apetezca lo hacemos sin problemas». Echar ocho horas nada más empezar para gripar el motor a los pocos días no sirve de nada. Hay que ir poco a poco.

¿Te imaginas que te quedas  a una sola pregunta de no pasar el corte? Eso le ocurrió a un amigo mío. Y su preparación desde luego había exhaustiva, pero también es verdad que vas a ese examen con mucho miedo y con todo el estrés del mundo. Tuvo dos preguntas tontas falladas, que se acuerda para toda su vida. Y es que perdió una de sus oportunidades de la vida.

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