Atender a los datos demográficos es una de las cuestiones que nos permite entrever cómo va a ser la sociedad del futuro. Ninguna pista es mejor que la que nos proporciona la edad media que va a tener la gente dentro de varias décadas. Eso nos permite anticipar qué servicios van a hacer falta en el futuro, cuánta gente los podría necesitar y qué tipo de cambios se pueden producir a nivel social o en la economía de un país o una región. Los políticos o los sociólogos son dos de los grupos de población que más han puesto de manifiesto este tema y los que han alertado de lo que viene sucediendo en prácticamente todo el mundo en este sentido.

¿Y qué es lo que está pasando? La respuesta seguro que os suena, porque probablemente la hayáis escuchado más de una vez: se está produciendo un envejecimiento de la población. Por una parte, perfecto, porque quiere decir que cada vez es más difícil morir siendo joven. Pero, por otro lado, la sociedad debe empezar a prepararse para un cambio en el ocio, en la sanidad, en la economía y en prácticamente todos los aspectos. La gente mayor sigue ganando peso numéricamente sobre la joven.

Una noticia publicada en la página web de El Economista ya lo alertaba: el número de personas mayores de 65 años en el mundo ya superaba al de las personas que todavía no han cumplido los 5. Estamos hablando de un dato relativamente reciente, porque data del año 2019. Y, como seguramente comprendáis, esto supone una especie de problema porque, en el caso de que la tasa de natalidad no supere a la de mortalidad, no solo estaremos perdiendo personas en el censo mundial, sino que además la edad media irá subiendo y determinados trabajos dejarán paulatinamente de ser desempeñados, especialmente en lo que respecta a los que requieren el uso de la fuerza.

En otra noticia, y ya hablando en clave nacional, el diario El País aseguraba que se había establecido un nuevo récord de personas de más de 65 años. En enero de 2018, las personas que superaban esa cifra ya eran casi 9 millones, un 19% del total del país. Y, por si fuera poco, la edad media ya se había colocado en los 43 años. Como podéis ver, está claro que la sociedad está cambiando y que, además, todavía vamos a seguir siguiendo esa inercia al alza en los próximos tiempos.

La nueva sociedad que se nos presenta nos lanza una advertencia: necesitamos mayores servicios para las personas de más de 65 años, más ocio para este tipo de público y una mayor apuesta por la salud para continuar haciendo posible que aumente la esperanza de vida y que esa vida sea de calidad. En relación a lo primero, a esos servicios, ya se empieza a constatar que la demanda de habitaciones en las residencias geriátricas es una realidad. Los profesionales de La Nueva Florida nos han indicado que esa demanda ha ido batiendo récords y superándose, al menos en su caso particular, durante los últimos cinco años.

Tiene que mejorar el tratamiento de las personas mayores por parte de la sociedad

Estamos en un momento en el que parece, al menos a veces, que las personas mayores sobran, cuando la realidad ha de ser completamente diferente. Muchos programas políticos se olvidan de los mayores (más allá de las pensiones) y los medios de comunicación cada vez se orientan más hacia un público joven y dinámico, olvidándose de lo tradicional, que por lo general suele ser por lo que apuesta la gente más mayor.

Hay que revertir esta situación. No estamos diciendo que esa oferta para la gente joven deba desaparecer ni mucho menos. Lo que intentamos decir es que, en una sociedad en la que tenemos más medios que nunca, debe haber sitio para todo tipo de públicos, incluido el más anciano. Solo de ese modo podemos garantizar que las personas mayores pueden hacer de la felicidad una constante incluso durante sus últimos años de vida. Desde luego, es lo que se merecen después de una vida en la que han tenido que trabajar y pasar, a buen seguro, por muy malos momentos.

No nos cabe la menor duda de que nuestras demandas se van a ir haciendo realidad con el paso de los años. No queda otra. La sociedad envejece y hay que saber adaptarse a ella de todas maneras posibles. Es importante que todos tengamos nuestro sitio en ella y que procuremos obtener el más alto grado de felicidad. Y los ancianos y ancianas no pueden ser una excepción para esta regla. Ni que decir tiene que, después de toda una vida, se merecen lo mejor.

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