Las adicciones nunca fueron buenas y da igual a lo que seas adicto. No penséis necesariamente en drogas, alcohol o sexo, que es lo  primero que suele venir a la gente, simplemente pensad en eso que no podéis quitaros de la cabeza, que repetís una y otra vez son cansaros y por lo que sois capaces de abandonar otras cosas con tal de revivir la experiencia una vez más. ¿Lo tenéis? Pues ya sabéis a qué sois adictos y aunque supuestamente hay adicciones “no dañinas” en mi humilde opinión todas, y cada una de las variantes de una adicción, pueden llegar a ser insanas. Hoy vamos a hablar, de la adición a la adrenalina.

Hay quien se sube a una montaña rusa y empieza a gritar pidiendo auxilio para que le bajen, y por su puesto hay quien directamente no se sube al vagón, yo, la primera vez que me monté en el “Dragón Kan” de Port Aventura repetí cinco veces más. ¿Adicta a la adrenalina quizás?

La adrenalina es una hormona que es secretada por las glándulas suprarrenales de tu organismo bajo situaciones de alerta o emergencia. La secreción de esta hormona, produce efectos químicos en tu organismo que producen sensaciones similares a las de un orgasmo, y de ahí que del mismo modo que se puede ser adicto al sexo se pueda ser adicto a la adrenalina. ¿Qué efectos son esos? Pues…

  • Sensación de euforia.
  • Latido más rápido y fuerte del corazón.
  • Relajación de la musculatura de las vías respiratorias que permite que ingrese mayor cantidad de aire a los pulmones.
  • Dilatación de las pupilas.
  • Ingreso de mayor cantidad de sangre a los músculos.
  • Incremento de la velocidad de la respiración.
  • Suba de la presión arterial.

Ahora bien ¿cómo podemos conseguir liberar la secreción de esta hormona? Pues mediante la realización de deportes extremos, haciendo cosas que sabemos prohibidas, trabajando al límite de tiempo, haciendo cosas peligrosas, etc. En otras palabras, tal vez, y sólo tal vez, si eres de esas personas que siempre se encuentran al límite con los tiempos y que inevitablemente siempre termina en situaciones en las que hay que tomar decisiones rápidas, quizás seas un adicto a la adrenalina sin tener que estar subiéndote todos los días a las atracciones más trepidantes de una feria y sin necesidad de hacer “Puenting”.

Hace unos años, un par de semanas después de vivir un día magnífico haciendo actividades como rafting, tirolina y escalada con Ocio Aventura Cerro Gordo, sentí la necesidad de repetir la experiencia, de volver a vivir todas esas actividades, e incluso quería probar las más extremas. No lo hice. Básicamente no me quedaban días de vacaciones. Y meses después,  cuando sí tuve tiempo de repetir ya no tenía ganas… ¿habría pasado ya el mono? Según los expertos así es. Cuando una persona vive una experiencia llena de adrenalina suele querer repetir una y otra vez, y si deja en seco de hacer esa actividad tendrá “mono” durante algún tiempo. No obstante, una vez haya pasado ese periodo es muy posible que sus ganas hayan disminuido tanto que no tenga ganas de revivir la experiencia.

Lógicamente hablamos en términos leves, pues yo no voy a entrar en verdaderas patologías ya que ni soy experta ni pretendo serlo, pero tal vez con cosas así podamos hacernos una idea de lo que puede llegar a vivir un verdadero adicto a la cocaína, el canabis o el alcohol.

Adictos a la adrenalina

Los verdaderos adictos a la adrenalina están sumergidos en una constante euforia que les hace experimentar unas ganas intensas de buscar acontecimientos que les lleven al límite. La cantidad de adrenalina que les corre por las venas, les lleva a realizar todo tipo de conductas atrevidas que, en muchas ocasiones, son imprudentes, insaciables y ponen en peligro sus vidas.

Pero debemos diferencias entre los profesionales de un deporte de adrenalina, o los aficionados al mismo, con el verdadero adicto a la adrenalina. En el surf, por ejemplo, podemos encontrar ambos tipos de personas, y también personas que son aficionados a ese deporte en concreto y también adictos a la adrenalina. En  santiagodepantin.com, una escuela de surf muy reconocida en el norte de España, nos han asegurado que el adicto a la adrenalina tiene una especie de pasión por todo aquello que es peligroso y tiende a querer practicar este deporte en playas rocosas recomendadas solo para expertos, aunque ellos no tengan a penas experiencia.

El ansia extrema de experimentar las sensaciones que se generan en torno a la adrenalina se manifiesta en una serie de comportamientos y emociones:

  • La necesidad de experimentar esa sensación de placer y euforia es incontrolable y el origen de las motivaciones diarias.
  • Falta de bienestar constante que perturba, enfada o frustra.
  • Conductas que ponen en riesgo la vida o la de las personas del entorno (deportes extremos, conducir a altas velocidades, herir a los demás…).
  • Deterioro de las relaciones sociales.
  • Afectación del ámbito laboral (absentismo, rendimiento deficiente…).

Según la psicología tradicional, cuando se es adicto a alguna sustancia, se está intentando llenar un vacío interno. Así, mediante esa inyección de energía extra se calma tal necesidad. Pero esta calma es superficial y momentánea. La dependencia de la adrenalina va en aumento y al final, el adicto necesita de su secreción constantemente.

Ahora bien, si lo que se pretende poniendo en riesgo la vida es confrontar una frustración o “sentirse vivo” lo más conveniente es acudir a un especialista. Para este tipo de hábitos, lo más recomendable es realizar un tratamiento psicoterapéutico. Así, en vez de enfrentarse a situaciones de estrés constante, se completa desde la comprensión el dolor.

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