Al igual que la playa es sinónimo de verano, que las procesiones de Semana Santa, el turrón lo es de la Navidad. Para muchos es la época del año más entrañable. Es el momento de reencuentros, de reuniones familiares y de viejas añoranzas. En mi caso por ejemplo la Navidad me huele a familia, y somos una familia de 6 hermanos. Huele a marisco, a espumoso y a lechazo. A jugar con mis hermanos y a terminar la noche jugando todos al bingo. Unos tiempos que nunca volverán pero que me alegro de haberlos vividos.

Pero sin duda, si algo caracteriza a la Navidad es el turrón. Y en España sabemos mucho de esto. Como dato, los mayores fabricantes de turrón de España facturaron 469 millones de euros de forma conjunta durante el ejercicio 2017, lo que supone un incremento del 3 % respecto al año anterior, y su volumen de beneficios rondó los 12 millones de euros.

La verdad, que es casi imposible resistirse a ellos, cuando son de auténtica calidad, y los tenemos ante nuestros ojos en las sobremesas navideñas. Pero detrás de cada turrón suele haber una bonita historia. Una historia también familiar y de mucho trabajo. Hoy ponemos en contacto con la empresa Adelia Ivánez, que nos contarán su bonita historia familiar con el turrón como protagonista.

Érase una vez una familia xixonenca de agricultores y emprendedores, originaria del muy turronero municipio de Xixona, en la provincia de Alicante. Sin duda, el lugar con mayor fama de este producto. Fue el bisabuelo Miguel Galiana, pionero de esta relación, quien en torno a 1850 dio el paso de cargar su carro repleto del producto estrella de la tierra y trasladarse 800 kms al norte para comercializarlo durante las semanas previas a la Navidad. La ubicación elegida: el actual Casco Viejo, y concretamente el portal número 12 de la calle Correo, también alternado con otro portal en la calle Bidebarrieta. Es decir, que cruzaba España de sur a norte.

Abriendo camino

El éxito cosechado por el señor Galiana sirvió sin duda de acicate para la llegada de nuevos turroneros a Bilbao. Así, la presencia de la figura del turronero alicantino en la ciudad durante las fiestas navideñas – hubo años en los que se llegaban a concentrar hasta 15 comerciantes – llegó a convertirse en una muy popular y entrañable tradición. Todo el mundo buscaba al turronero por las calles. Posteriormente fue su yerno, Eladio Iváñez Coloma, quien continuó e impulsó la tradición turronera, modernizando, ya desde comienzos del siglo XX, la comercialización de estos productos.

En primer lugar, y junto con otros socios y amigos, fundó una Cooperativa para posibilitar una mejor y más eficiente producción, y en segundo lugar estableció la marca – su propio nombre – del producto, el cual hasta entonces se vendía al peso, sin ningún tipo de denominación. El  abuelo fue también quien tuvo la idea de instalar un llamativo y atrayente tenderete o mueble expositor a la entrada del portal; tenderete que aún hoy podemos contemplar en Correo 12 y que es ya todo un símbolo comercial de Bilbao. Algo que no te puedes perder si visitas la ciudad bilbaína.

Pero en toda historia de Navidad siempre hay un momento trágico.  Las inundaciones de agosto de 1983 alteraron la tradición de la venta en tan singular espacio, de tal forma que a partir de las navidades de ese año, los Iváñez se vieron obligados a abandonar el portal – que no el edificio -, trasladando la venta al piso primero, que hasta entonces había hecho las funciones de almacén. Pero las grandes empresas siempre se recuperan de estos momentos.

La quinta generación

En 2003 se une de forma definitiva  Iván – quinta generación de la familia – , y que ya apuntaba “maneras” desde muy pequeño, continuando en el piso de Correo 12. Tal y como ser recuerda, la venta en el piso era “especial, agradable, divertida”, tanto para ellos como para los clientes, que ordenadamente hacían cola en las escaleras del edificio y a quienes en ocasiones se obsequiaba con una degustación de producto para hacer más llevadera la espera.

Y como en todas las historias, y más si es Navidad, llega el final feliz. En agosto de 2005 (en plena Semana Grande bilbaína), se pudo hacer realidad un deseo que se llevaba mucho tiempo madurando: volver a los orígenes de la tradición, la venta a pie de calle, aunque esta vez no ya al portal – donde no era posible -, sino en el local adyacente al Portal de Correo 12. Ahora en este lugar puedes degustar la más variada gama de turrones (elaborados en la misma Cooperativa de Xixona que fundó el abuelo Eladio Iváñez Coloma) se ve acompañada por todo tipo de polvorones, figuritas de mazapán, frutas confitadas, chocolates o cavas y licores, entre otros productos.

Y colorín colorado, este bonita historia de Navidad turronera ha acabado. Ya puedes ver como detrás de un trozo de turrón siempre hay una historia preciosa. ¡Feliz Navidad!

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