Con la llegada de agosto llega el momento de planificar la visita obligada al dentista de septiembre. Y es que tanto si te has ido de vacaciones como si te has quedado en casa, habrás descuidado un poquito tu salud dental, y esto en´ verano pasa mucho, aunque no nos demos cuenta. Debido a los excesos y a la falta de cepillado nuestros dientes están en riesgo.

Por eso es importante que acudas a tu clínica dental de confianza, en la que deben de hacerte una revisión para comprobar que no hay signos de ningún tipo de enfermedad. Pero si vives en A Coruña y no tienes ningún dentista de confianza, es recomendable que acudas a CML dontólogos, una clínica dental con unas confortables instalaciones en las que encontrarás a profesionales altamente cualificados y con experiencia de sobra para aconsejarte de manera adecuada sobre tu salud bucodental.

Pero estas revisiones no serían necesarias si durante las vacaciones de verano estuviésemos más pendiente del cepillado dental. Ten en cuenta que cuando estás de vacaciones no llevas tu cepillo de dientes contigo, por lo que puede que solo te cepilles los dientes una o dos veces al día, y aquí ya encontramos el primer problema.

El segundo problema es que durante las vacaciones hay muchos alimentos que contaminan nuestros dientes en exceso debido al alto grado de azúcar que tienen. Es el caso de los helados o el alcohol, siendo este último bastante perjudicial y es una sustancia presente en el vino o la cerveza que tanto se consume en verano.

Pero quizá, lo peor de todo, es que cuando vamos de vacaciones nos llevamos un cepillo de mala calidad. Pero ¿cómo podemos diferenciar un cepillo de baja calidad de uno de buena calidad? Vamos a responder esta pregunta en el artículo de hoy, ya que la limpieza de ambos cepillos es totalmente diferentes.

Elige tu cepillo de dientes con estos consejos

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando se trata de escoger el cepillo de dientes adecuado es que cada boca es diferente y lo que funciona para una persona puede que no resulte para otra. Sin embargo, existen una serie de recomendaciones generales aplicables a la mayoría de los casos. Estos son los detalles a tener en cuenta:

En primer lugar, debemos fijarnos en el material del que están hechas las cerdas del cepillo. Estas deben ser de nailon y sus puntas redondeadas, con el fin de no dañar el esmalte durante la limpieza.

Por esta misma razón, y mientras el odontólogo no indique lo contrario, se aconseja elegir un cepillo «suave”, según los diferentes niveles de dureza disponibles en el mercado. Los cepillos con cerdas más suaves permiten remover mejor la placa y los restos de alimentos debido a su mayor flexibilidad y al mayor rango de movimiento que ofrecen. Los cepillos fuertes pueden dañar las encías y hacerlas sangrar. Las encías son un elemento francamente sensible y muy fácil de lesionar. Además, es conveniente adquirir cepillos de cabeza pequeña para llegar a todas las áreas de la boca, incluyendo los molares posteriores, de difícil acceso.

En este punto es importante destacar que los cepillos de dientes más económicos no suelen cumplir con sus funciones de forma adecuada. La dentistas recomiendan invertir un poco más de dinero para hacerse con un producto de calidad.

En cuanto al tipo de cepillo de dientes, ¿escogemos uno manual o eléctrico? Lo cierto es que ambos pueden ser igual de eficaces si la técnica de cepillado es correcta. Hay personas que prefieren utilizar un cepillo dental eléctrico. Este puede limpiar mejor los dientes, especialmente en el caso de personas que tienen dificultades para realizar un buen cepillado o que padecen alguna limitación en su destreza manual.

Cada tres meses hay que cambiar de cepillo (manual) o de cabezal (eléctrico). También debe desecharse cuando las cerdas aparecen dobladas. No solo su eficacia se debilita y las cerdas pierden la capacidad de alcanzar los recovecos más difíciles que hay entre los dientes, sino que aumenta la probabilidad de que proliferen gérmenes, hongos y bacterias. Además, un cepillo gastado puede dañar las encías, provocando inflamación, sangrado e incluso la retracción del tejido blando.

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