Hay una corriente bastante acusada que provoca que niños, adolescentes y adultos vistan de la misma forma. No hablo, por supuesto, del típico traje de chaqueta que puede llevar el empresario o la empresaria al trabajo, porque es bastante obvio que ningún adolescente va a vestir así para ir al instituto (aunque a algunos niños pequeños les ponen corbata en las bodas, lo cual a algunos les resultará gracioso pero a mí ver a un niño de dos años agobiado con la prenda atada al cuello me parece de locos), pero sí hablo de esta tendencia de manera generalizada.

Vestimos a los niños con pajarita o corbata para que vayan guapos los domingos (por no hablar las tres B: bodas, bautizos y comuniones), vemos a niñas de 12 y 13 años vistiendo como las de 17 (maquilladas hasta la médula), y a adultos que deberían ser más elegantes y siguen vistiendo con camisetas juveniles y pantalones rasgados.

He intentado analizar si la culpa es de los diseñadores o no y la verdad es que no creo que tenga nada que ver con eso. Actualmente hay profesionales de la moda para todos los gustos y colores y ninguno de ellos se empeña en vestir a las niñas como a jóvenes de 20 años a pesar de que ellas así se empeñen en vestir y sus padres se lo permitan.

Hay diseñadores y profesionales que caen, una y otra vez, tropezando sobre la misma piedra, y se empeñan en crear moda que sólo pueden llevar chicas altas, esbeltas y delgadas. Eso, para nuestra sociedad, especialmente para las niñas, no es bueno, porque tienden a creer que deben ser perfectas para poder llevar esa ropa y eso, al final, puede traer graves consecuencias que todos conocemos: trastornos alimenticios y de personalidad, depresión, ansiedad, etc. Pero ahora mismo no estamos hablando sobre lo bien o lo mal que actúan los diseñadores en base a este problema, sino sobre el motivo que lleva a las madres a vestir a sus hijos como a adultos y a las niñas a vestir como jóvenes que, además, parecen más aptas para probas desmaquillantes que para otra cosa.

Asumamos la edad que tenemos

A veces he llegado a pensar que lo que nos hace falta es promover campañas publicitarias que aboguen por los estilos correctos basado en una edad lógica: niños vestidos de manera cómoda para poder jugar y divertirse, adolescentes que lleven ropa de diario acorde a la situación en la que se encuentren (instituto, con los amigos, en casa…), y, por supuesto, adultos que sepan vestir en base a su edad. Posiblemente lo que ocurre es que nos empeñamos en forzar las capacidades de nuestros hijos apuntándoles a clases de idiomas, de deportes, de música, queriendo que sean los mejores y eso provoca que crezcan antes de hora y que tengan responsabilidades para las que aún no están preparados. Si eso lo trasladamos al ámbito de la ropa, es posible que tengamos una respuesta clara: reflejamos en lo que les ponemos lo que queremos que sean y, amigos míos, son niños, nada más.

En Live 4ever Teen podemos encontrar moda juvenil que verdaderamente es perfecta para adolescentes pero que no pondría a una mujer de 30 años ni a una niña de 10. La moda de Isabella Gobarodi es ideal para jóvenes que superan la veintena y adultas en cualquier situación pero no es cómoda para niñas en edad escolar ni para adolescentes que quieren aparentad lo que no son. Gobarodi cuenta, por ejemplo, con un catálogo de vestidos de fiesta largos en Madrid que, además, también se pueden adquirir a través de su web, perfectos para eventos especiales, pero también cuenta con moda pensada para el día a día, complementos, e incluso con trajes de novia.

No me parecería lógico ver a una niña de 9 años con un vestido de Gobarodi, y de ahí que odie los concursos de belleza infantiles estadounidenses, pero tampoco me parece lógico que una madre de 35 años vista aún con minifaldas extremadamente cortas, no porque no pueda hacerlo sino porque ni procede ni debe ser muy cómodo si tienes que agacharte para coger al bebé del carrito.

Es como si los padres quisieran ver a sus hijos pequeños como a hombrecitos, los adolescentes quisieran parecerse a los jóvenes de 20 años, y los adultos se negaran a crecer. A lo mejor lo que deberíamos hacer es mandar a un psicólogo vivienda por vivienda para que nos ayude a asumir la edad que tenemos realmente y no la que quisiéramos tener, y así, de paso, que nos ayude a ver qué ropa es la adecuada para nosotros. Tal vez sólo así dejaríamos de lado esta moda tan loca que hay hoy en día y empezaríamos a ser un poco más coherentes.

Deja un comentario