La crisis económica que nos ha venido golpeando desde 2007 parece que muy poco a poco comienza a rebajar su intensidad y esa es la primera gran noticia que recibimos los españoles en materia de finanzas en toda la década. ¿Qué consecuencias tiene eso para la sociedad especialmente en estos momentos de asfixiante calor veraniego? Que la gente ha vuelto a recuperar las ganas y la ilusión por salir de su ciudad y marcharse de vacaciones.

Por suerte, en España contamos con un amplio abanico de posibilidades en cuanto hablamos de ciudades susceptibles de garantizar una visita inolvidable. Todos tenemos en mente varias de ellas, pero en el presente artículo vamos a focalizar nuestra atención solo en dos de ellas, que son las que quien escribe estas líneas ha visitado más recientemente. Son Barcelona y Sevilla.

Como comentaba, he visitado las dos ciudades recientemente, para ser más concretos durante lo que llevamos de 2017. Por suerte, el periodo de vacaciones del que disfruto a lo largo del año es amplio y puedo dividirlo en varias etapas, por lo que dispongo del tiempo suficiente como para viajar y visitar hasta el último rincón de nuestro país e incluso reconocidos lugares de Europa.

Este año el primero de mis objetivos fue Sevilla. Llevaba bastantes años sin visitar la ciudad, por lo que durante el mes de marzo (antes de que comenzaran a subir demasiado las temperaturas en la urbe del Guadalquivir) decidí lanzarme y acudir. Había oído que no mucho tiempo antes había abierto sus puertas un hotel de lujo en la ciudad. Un establecimiento de la cadena Mercer Hoteles. Sabía que para aquella entidad cuidar su servicio de lujo era imprescindible y por tanto, embargado por la curiosidad, decidí reservar allí una habitación para un total de tres días.

Describir el trato con el que fui agasajado en aquel lugar es imposible. Los profesionales del hotel se preocuparon por mi comodidad en todo momento, encontré en sus instalaciones los suficientes medios como para disfrutar de una tranquilidad inigualable y, además, conté con la posibilidad de visitar el restaurante del hotel, tan exquisito como el resto del mismo. Todo eso a la vez que visitaba la ciudad y contemplaba sus espectaculares monumentos. Una salida perfecta.

Una situación similar en Barcelona

El pasado mes de junio, tres meses después de haber acudido a Sevilla, volví a coger una semana de vacaciones y puse en Barcelona mis ojos. También hacía tiempo que no visitaba la Ciudad Condal y sentía la necesidad de volver a disfrutar de todo lo que una urbe de su categoría tiene que ofrecer. La casualidad quiso que en un lugar así también hubiera espacio para una sede de la cadena Mercer Hoteles. La decisión acerca de mi hospedaje estaba por tanto más que tomada.

Las granes sensaciones con las que me había marchado del Mercer Sevilla se volvieron a repetir para el caso de Barcelona. De nuevo un hotel en cuyas dependencias era tratado de una manera extraordinaria. De nuevo un hotel en el que la comodidad, la tranquilidad y la paz garantizaban un amplio descanso y relajación. De nuevo un hotel que contaba con un restaurante de primera talla.

La experiencia de Barcelona fue tan buena como la de Sevilla. Hace tan solo un mes desde que volví y ya estoy deseando volver a organizar un viaje similar. Sé que no todas las ciudades cuentan con el tipo de hoteles en los que me he hospedado últimamente. Ojalá fuera así, porque a pesar de los años de experiencia que acumulo cogiendo las maletas para visitar ciudades y países nunca me he sentido mejor tratado que en mis dos últimos viajes a Sevilla y Barcelona. Mercer se ha convertido en un auténtico modelo de referencia para mí.

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