Mantener un color estándar o apostar por uno original puede ser la línea que diferencie el éxito o el fracaso en un negocio. Estamos en la sociedad de la imagen, una imagen que debe ser cuidada tanto en redes sociales como físicamente. Este segundo plano también es fundamental para nuestro comercio. No cabe duda que el color es uno de los elementos más evidentes para llamar la atención y que hay que sacarle partido a esa posibilidad.

La fachada del negocio es la mejor compañera para darle salida a ese color. Es, además, un elemento que suelen recordar bien todos aquellos que pasan por delante y si conseguimos llamar su atención será sin duda muy posible que nos tengan en consideración y confíen en nosotros en cuanto lees hagamos falta.

Con estas premisas decidí darle una vuelta de tuerca a mi negocio, un restaurante situado en mi municipio natal, en plena provincia de Toledo. El restaurante había estado pintado de blanco durante la totalidad de su existencia y fue hace unos meses cuando comencé a pensar en llevar a cabo un proyecto para iniciar una nueva etapa. Ese proyecto consistía en realizar una obra y, finalmente, pintar tanto por fuera como por dentro.

Tenía pensado otorgarle a la fachada un color naranja, que es sobre todo muy juvenil y llamaría la atención de los más jóvenes. Para el interior, un color verde y azul claro sería la mejor alternativa.  Pero primero tenía que llevar a cabo la obra y preocuparme de que la disposición del local se ajustara a lo que yo realmente quería y necesitaba.

Mientras se tiraban viejos tabiques y se modernizaba el local, comencé a obtener información acerca de cómo conseguir botes de pintura que resultaran baratos. Creía que buscar en Internet me daría un buen abanico de soluciones y, desde luego, eso mismo estaba a punto de comprobar. Y además lo iba a hacer de una manera eficiente, dándome a conocer una página web como www.multipinturas.com, en la que podría obtener botes de pintura de una buena gama de colores. Llegarían directamente a mi casa, lo harían en un plazo de tiempo muy reducido y a un precio también bastante bajo.

Grandes cambios, grandes resultados

En cuanto finalizamos la obra llegaba la hora de pintar. Era el paso previo a la finalización del lavado de cara para el restaurante y por eso merecía que tuviéramos un especial cuidado. A tal efecto habíamos adquirido los mejores botes de pintura del mercado y era eso lo que nos hacía ser optimistas de cara a obtener un resultado final más que aceptable para la reforma que acometíamos.

El resultado fue espectacular. Trabajamos sin ningún problema con la pintura y en tres o cuatro días  terminamos de pintar la fachada y el interior del local. Todo estaba listo para la re-apertura del restaurante y para que comenzáramos a cambiar esa imagen tradicional y quizá un poco anticuada que teníamos desde hacía tiempo de manera, en mi opinión, bastante justificada.

Las cifras hablan por sí solas. Desde la re-apertura hace unos meses los beneficios totales han subido un 25%. Además, también es digno de mención el hecho de que ahora nos visita un público algo más joven, algo que nos identifica en gran medida con ese color naranja tan juvenil que le imprimimos a la fachada y que nos ha permitido tener nuestra terraza repleta de gente durante muchos días durante la presente primavera.

La hostelería ha pasado por tiempos muy difíciles en España. Aunque todavía parece complicado aventurar que la crisis económica ha llegado a su fin, sí que creo correcto afirmar que, aun en periodos así, la supervivencia está reservada para los que se reinventan. En mi restaurante decidí apostar por ello y las consecuencias no han podido ser mejores. Creo que nos espera un futuro repleto de luz y color. Y nunca mejor dicho.

 

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